lunes, 19 de agosto de 2013

Erasmo y la sabiduría antigua

Hará algún tiempo seleccionamos para esta sección algunos apotegmas de Plutarco que podían estar sacados de las ocurrencias de reyes y generales. En esta ocasión el recolector no es otro que el gran Erasmo de Rotterdam y sus apotegmas aparecen entresacados de la filosofía clásica. Decíamos que aunque estos textos no son propiamente aforismos sí están muy relacionados con ellos. Son breves, sentenciosos y en muchos casos ocurrentes. También participan de la necesidad de reflexionar sobre el mundo y sus avatares, proponiendo una conducta o, por lo menos, una explicación. Erasmo (1467-1536) era un humanista que desde su catolicismo se interesó igualmente por la teología que por la cultura clásica o la educación de los reyes. Unido a la realeza española, dedicó alguno de sus libros a Carlos V quien llegó a nombrarle consejero real honorífico. Sus disputas con la iglesia acabó con casi toda su obra en el índice de libros prohibidos. El origen de sus apotegmas está en su incansable labor de traductor y editor de autores clásicos. Estos son algunos ejemplos. En primer término aparece el nombre del filósofo al que se atribuye la frase.

SOCRATES: Tenía una vez Sócrates ciertos convidados y huéspedes y le dijo un amigo suyo que había hecho poco aparato para recibirlos, dijo entonces Sócrates: Si ellos son buenos basta, y si malos sobra.

Pasando una vez Sócrates por la plaza y viendo la gran abundancia de mecaderías que allí se vendían, dijo entre sí: Oh valemediós de cuántas cosas yo no tengo necesidad.

Se le dijo a Sócrates que una persona hablaba mal de él. Él respondió: No me maravillo porque nunca aprendió a bien hablar.

ARISTIPO: Una ramera dijo a Aristipo que estaba preñada de él. Éste respondió: Esto no se puede más saber que si uno anduviese entre unas espinas muy espesas y dijese: Esta espina me picó.

DIÓGENES: Preguntándole uno a qué hora había de comer cada uno, respondió: Si es rico cuando quisiere, si es pobre cuando pudiere.

Un hombre llevaba por la calle una viga y no mirando dio un golpe a Diógenes, y después dijo: Guarda. Diógenes volvió la cara y respondió: ¿Por ventura me quieres herir otra vez?

Entrando una vez en un baño sucio, dijo: Los que aquí se lavan, ¿dónde se lavan?

Otra vez vio a un muchacho hijo de una mala mujer que estaba tirando piedras hacia la gente, y le dijo: Guarda no descalabres a tu padre.

SOLÓN SALAMINO: A este filósofo se le atribuye aquel dicho tan notable y señalado. Es, a saber, que las leyes son semejantes a las telas de las arañas, las cuales prenden y enlazan a los pequeñitos mosquitos, y si algún animal grande pasa por ellas, las quiebra y rompe.

ANTÍSTENES: Díjole una vez uno: Muchos te loan. Le respondió: Pues yo no sé qué mal he hecho.

DEMETRIO FALERIO: Decía que los verdaderos amigos en la prosperidad habían de venir cuando los llamasen, y en la adversidad aunque no fuesen llamados.

ZENÓN: Siendo preguntado qué cosa era amigo, respondió: Otro yo.

HERÁCLITO: Siendo preguntado por qué causa callaba tanto, respondió: Para que vosotros habléis.

PLATÓN: Reprendía una vez Platón a un mancebo porque jugaba a los dados, el cual dijo: ¿Por una cosa tan pequeña me castigas? Respondió Platón: No es poco tomar mala costumbre.

ARISTÓTELES: Siendo preguntado Aristóteles qué ganaban los mentirosos, respondió: Que no les crean cuando dicen la verdad.


(Erasmo de Rotterdam, Apotegmas de sabiduría antigua, edición Miguel Morey, Barcelona, Edhasa, 1998)

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