La letra "R" tiene mucha relación con el mundo vegetal y más en concreto con lo arbóreo. No en balde la raíz lo afirma al suelo y las ramas lo proyecta al firmamento. El árbol sagrado es el roble y la ofrenda del amor la rosa. Recio decimos del tronco poderoso y hablamos del rumor de las hojas o de los retoños en la primavera. Qué olor compite con el romero, qué sana más que la ruda o qué alegra más la vista que la flor de la retama. Nuestra R es rústica, sí, pero cómo nos alegrará calentarnos al fuego de sus rastrojos.
En este cuaderno personal van a aparecer algunas de mis aficiones más queridas: La literatura aforística, los refranes, recomendaciones de libros y música clásica, imágenes y grabados del mundo del libro, y esas "malas notas" que de tarde en tarde se me presentan como si tuvieran algo que decir. La incorporación de nuevas entradas se hará, aproximadamente, todas las semanas.
martes, 29 de octubre de 2013
domingo, 27 de octubre de 2013
La Creación de Haydn
Franz Joseph Haydn (1732-1809) compuso el oratorio de La Creación en 1798 y junto a Las Estaciones están consideradas sus grandes obras maestras. Dividida en tres partes nos va relatando los siete días de la creación por boca de los arcángeles Rafael, Gabriel y Uriel. En la tercera parte se les unen las voces de Adán y Eva para alabar al Creador: "De tu bondad, ¡Señor y Dios nuestro! están llenos los cielos y la tierra." Repasan a dúo su obra, el sol, la noche, las estrellas, las nubes o la bruma anuncian la gloria del Señor. Toda la creación proclama su poder y anuncian su gloria.
¡Alabadlo, manantiales rumorosos!
¡Inclinad, árboles, vuestras copas!
¡Exhalad, plantas, vuestro aroma!
¡Liberadle, flores, vuestra fragancia!
Canta Eva con felicidad y consideración, mientras Adán convoca a las criaturas a que entonen sus alabanzas.
Vosotros, que trepáis a las alturas,
y vosotros, que os arrastráis por el suelo,
vosotros, cuyo vuelo corta el aire,
y vosotros, los de los abismos marinos...
Y el coro testigo del milagro proclama:
¡Gloria a Ti, oh Dios, Creador, gloria!
De tu palabra ha surgido el mundo.
¡Cielos y tierra te adoran,
Te glorificamos por siempre!
Riccardo Mutis dirige la interpretación.
(Los textos han sido traducidos por Jesús Cuevas Maraver)
¡Alabadlo, manantiales rumorosos!
¡Inclinad, árboles, vuestras copas!
¡Exhalad, plantas, vuestro aroma!
¡Liberadle, flores, vuestra fragancia!
Canta Eva con felicidad y consideración, mientras Adán convoca a las criaturas a que entonen sus alabanzas.
Vosotros, que trepáis a las alturas,
y vosotros, que os arrastráis por el suelo,
vosotros, cuyo vuelo corta el aire,
y vosotros, los de los abismos marinos...
Y el coro testigo del milagro proclama:
¡Gloria a Ti, oh Dios, Creador, gloria!
De tu palabra ha surgido el mundo.
¡Cielos y tierra te adoran,
Te glorificamos por siempre!
Riccardo Mutis dirige la interpretación.
(Los textos han sido traducidos por Jesús Cuevas Maraver)
Refranes rumanos
En más de una ocasión he comentado que la traducción de refranes requiere unos criterios comunes y públicos para que cuando accedamos a ellos sepamos qué nos podemos encontrar. Mi propuesta es que un refrán debe mostrarnos los pensamientos de un pueblo pero también las imágenes de las que se nutre a la hora de exponer una opinión, una reflexión o una recomendación. Ya sé que en alguna situación puede ser que nos sea imposible saber lo que nos están diciendo, pero este es un caso que también nos puede suceder en nuestro idioma, por lo que se requiere una explicación no la sustitución por un refrán de nuestra lengua. Cuando se empeñan muchos traductores en mostrarnos lo que quieren decir los proverbios y no lo que realmente dicen, siento que me están privando de un conocimiento fundamental de la lengua extraña como es el origen de sus metáforas y símbolos. Veamos con el ejemplo de algunos refranes rumanos como sus proverbios y los nuestros pueden ser iguales, parecidos o diferentes.
El caballo de regalo no se examina en los dientes.
Cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana.
Después de tres días a los huéspedes se les pone a dar vueltas a la rueda de molino.
Ojos que no se ven se olvidan.
Quien se levanta temprano lejos llega.
Al hombre sabio de bastan dos palabras.
Cuando el gato no está en casa los ratones juegan en la mesa.
La gallina vieja hace el caldo bueno.
El hombre sabio compra en verano trineo y en invierno carro.
No puedes estar con el culo en dos barcas.
Al hombre pobre ni los bueyes le tiran.
No des el gorrión de la mano por el que está en la valla.
Quien se quemó con la sopa sopla hasta en el yogur.
(Ortega Román, Juan José, Paremiología y fraseología comparadas españolas y rumanas: buscando equivalencias, acercando idiomas, en Paremia nº 15, Asociación Cultural Independiente, Madrid, 2006)
El caballo de regalo no se examina en los dientes.
Cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana.
Después de tres días a los huéspedes se les pone a dar vueltas a la rueda de molino.
Ojos que no se ven se olvidan.
Quien se levanta temprano lejos llega.
Al hombre sabio de bastan dos palabras.
Cuando el gato no está en casa los ratones juegan en la mesa.
La gallina vieja hace el caldo bueno.
El hombre sabio compra en verano trineo y en invierno carro.
No puedes estar con el culo en dos barcas.
Al hombre pobre ni los bueyes le tiran.
No des el gorrión de la mano por el que está en la valla.
Quien se quemó con la sopa sopla hasta en el yogur.
(Ortega Román, Juan José, Paremiología y fraseología comparadas españolas y rumanas: buscando equivalencias, acercando idiomas, en Paremia nº 15, Asociación Cultural Independiente, Madrid, 2006)
domingo, 29 de septiembre de 2013
Charletas de café
En esta ocasión vamos a tener dentro de los clásicos a Santiago Ramón y Cajal (1852-1934). Su libro Charlas de café, cuya primera edición es de 1921, recoge por escrito los pensamientos, anécdotas, comentarios y divagaciones que le han ido surgiendo en esas tardes de tertulia y café. Sus anotaciones abarcan todos los temas, va de la ciencia a la historia, de la política a la filosofía, del arte a la literatura, de la mujer a la moral o las costumbres. Sobre todo se siente capacitado para opinar y sobre todo su mirada es todo menos amable. Hay opiniones que hoy vemos anacrónicas, como la idea de la mujer o de las clases sociales. Y no las podemos justificar invocando el tiempo que ha pasado ya que a principios del siglo XX tanto el feminismo como la justicia social tenían grandes y magníficos defensores. Posiblemente sea ese carácter frívolo, que él mismo proclama, lo que le aventura a despreciar a los rústicos o ridiculizar a quien ve en la mujer algo más que una esposa. En muchas ocasiones tenemos la sensación de encontrarnos ante un ser superior que dictamina sobre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo bello o lo deforme. Echamos en falta un tono menos mordaz y más divertido. Aun así su lectura siempre es amena y la disculpa surge pronta cuando acierta con exactitud en sus anotaciones. Aquí tienen una muestra.
-Para mí -decíame un amigo- sólo merece el elogio de gran escritor quien escribe admirablemente sin decir absolutamente nada.
M.- ¿Qué tal ha estado Fulano en su conferencia?
N.- Aburrido: no sabe tanto que logre enseñar, ni tan poco que haga reír.
-Tengo una idea -decía un escritor demasiado reminiscente.
-¿De quién? -le atajó un amigo.
El anillo de Giges.- ¿Quieres ser invisible para los hombres? Sé pobre. -¿Quieres serlo para las mujeres? Sé viejo.
El ideal del español de buena parte de la clase media es jubilarse tras breves años de trabajo, y, si es posible, antes de trabajar.
Los excesivamente preocupados del alma acaban por no creer en el cuerpo... ¡ni en la higiene!
¿Para qué luchan los hombres? Para adquirir, en caso de triunfo, un pedazo de tierra donde ser prematuramente enterrados, lejos de los suyos.
Quien todo lo manosea, todo lo mancha.
Hay críticos polillas que corroen los libros sin leerlos.
El silencio de los envidiosos es el mejor elogio a que puede aspirar un autor.
Ocurre con los adjetivos lo que con los billetes de Banco: se deprecian de día en día.
Como la vela, al arder, el entendimiento humano alumbra, quemándose, consumiéndose y derramando lágrimas.
Si eres devoto, frecuenta las iglesias, y si descreído, también. No conozco asilo más seguro contra los latosos y los sablistas.
(Santiago Ramón y Cajal, Charlas de café, Madrid, Espasa-Calpe, 9ª edic. 1966)
-Para mí -decíame un amigo- sólo merece el elogio de gran escritor quien escribe admirablemente sin decir absolutamente nada.
M.- ¿Qué tal ha estado Fulano en su conferencia?
N.- Aburrido: no sabe tanto que logre enseñar, ni tan poco que haga reír.
-Tengo una idea -decía un escritor demasiado reminiscente.
-¿De quién? -le atajó un amigo.
El anillo de Giges.- ¿Quieres ser invisible para los hombres? Sé pobre. -¿Quieres serlo para las mujeres? Sé viejo.
El ideal del español de buena parte de la clase media es jubilarse tras breves años de trabajo, y, si es posible, antes de trabajar.
Los excesivamente preocupados del alma acaban por no creer en el cuerpo... ¡ni en la higiene!
¿Para qué luchan los hombres? Para adquirir, en caso de triunfo, un pedazo de tierra donde ser prematuramente enterrados, lejos de los suyos.
Quien todo lo manosea, todo lo mancha.
Hay críticos polillas que corroen los libros sin leerlos.
El silencio de los envidiosos es el mejor elogio a que puede aspirar un autor.
Ocurre con los adjetivos lo que con los billetes de Banco: se deprecian de día en día.
Como la vela, al arder, el entendimiento humano alumbra, quemándose, consumiéndose y derramando lágrimas.
Si eres devoto, frecuenta las iglesias, y si descreído, también. No conozco asilo más seguro contra los latosos y los sablistas.
(Santiago Ramón y Cajal, Charlas de café, Madrid, Espasa-Calpe, 9ª edic. 1966)
viernes, 27 de septiembre de 2013
Maravilloso Banville
En 2006 John Banville, bajo el seudónimo de Benjamin Black, dice de uno de los personajes de El secreto de Christine: "Nunca había estado con una mujer tan mayor como ella. Había algo excitantemente vergonzoso en ello; había sido como acostarse con la madre de su mejor amigo, en caso de haber tenido él alguna vez un amigo de verdad." Pues bien, seis años más tarde el tema de su última novela, Antigua luz, es precisamente la historia del amor, o como quiera llamarse, entre un adolescente y la madre de su mejor amigo. Alexander Clave recuerda mientras prepara el rodaje de su primera película, él sólo ha interpretado teatro, el primer amor, decenas de años antes, con la señora Gray. Los recuerdos, como casi siempre, son a veces vagos y a veces demasiado perfectos. El tiempo y las estaciones se les trastoca, así recuerda vientos, humedades, lluvias, bochornos o la caída de las hojas con una precisión que reconoce como falsa pero que está unida o soldada necesariamente a su historia. La evocación de aquellos pocos días de amor y su intensidad se nos presenta con todo detalle y adolescente dramatismo. Si no fuera por pequeños detalles atmosféricos no pondríamos en duda sus aventuras, en todo caso asumiríamos el efecto del tiempo como factor que da sentido y unidad al pasado. Pero a veces llega a saberse la verdad y entonces una parte de nosotros se siente engañada y confundida, no por lo que nos revela sino por lo que nos quita. Paralelamente a la evocación de la iniciación al amor asistimos al rodaje de la película y su relación con la actriz principal, a la vida con su mujer y las consecuencias de la muerte de su hija diez años antes. En ninguno de estos relatos nos defrauda Banville, al contrario, seguimos unos y otros con el mismo interés y la misma pasión. La novela va creciendo poco a poco, acercándonos a un final sorprendente y entrañable. Un colofón que hace años no he sentido en una novela. Digamos que no es recomendable sino necesaria su lectura, uno no debe perderse una de las novelas más notables del presente siglo.
(John Banville, Antigua luz, Madrid, Alfaguara, 2012)
(John Banville, Antigua luz, Madrid, Alfaguara, 2012)
Malas Notas 47
Aquello que me importa: la paternidad, las palabras y la muerte; a veces, el amor; nunca, la envidia, la ambición o la gloria.
Durante el cortejo: halago y atención; para la conquista: halago y atrevimiento.
Paradoja: ¿Por qué lo que hemos logrado admitir y, hasta cierto punto, aprobar en nuestros comportamientos, lo consideramos reprobable cuando lo reconocemos en nuestros hijos?
La avaricia ha pasado de ser un pecado a convertirse en una enfermedad cuyas dolencias no afectan al enfermo sino a los infelices subalternos.
La psicología es la ciencia de lo obvio, del sentido común; por lo tanto, una ciencia de andar por casa.
Durante el cortejo: halago y atención; para la conquista: halago y atrevimiento.
Paradoja: ¿Por qué lo que hemos logrado admitir y, hasta cierto punto, aprobar en nuestros comportamientos, lo consideramos reprobable cuando lo reconocemos en nuestros hijos?
La avaricia ha pasado de ser un pecado a convertirse en una enfermedad cuyas dolencias no afectan al enfermo sino a los infelices subalternos.
La psicología es la ciencia de lo obvio, del sentido común; por lo tanto, una ciencia de andar por casa.
R con volumen
Esta R del siglo XIX tiene pretensiones tridimensionales. Para adquirir consistencia el grabador prolonga el contorno con rayas paralelas que le dan profundidad. En cuanto a la letra, como si fuera una plancha metálica, se adelgaza o ensancha mientras curva su figura. Las distintas piezas que la forman se engarzan entorno a pequeños cilindros que producen el retraimiento en los extremos plegándose sobre si mismo. Todo nos recuerda la maquinaria o las construcciones de la época, o quizás las relucientes ballestas de los carruajes de las clases altas.
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