domingo, 27 de octubre de 2013

Refranes rumanos

En más de una ocasión he comentado que la traducción de refranes requiere unos criterios comunes y públicos para que cuando accedamos a ellos sepamos qué nos podemos encontrar. Mi propuesta es que un refrán debe mostrarnos los pensamientos de un pueblo pero también las imágenes de las que se nutre a la hora de exponer una opinión, una reflexión o una recomendación. Ya sé que en alguna situación puede ser que nos sea imposible saber lo que nos están diciendo, pero este es un caso que también nos puede suceder en nuestro idioma, por lo que se requiere una explicación no la sustitución por un refrán de nuestra lengua. Cuando se empeñan muchos traductores en mostrarnos lo que quieren decir los proverbios y no lo que realmente dicen, siento que me están privando de un conocimiento fundamental de la lengua extraña como es el origen de sus metáforas y símbolos. Veamos con el ejemplo de algunos refranes rumanos como sus proverbios y los nuestros pueden ser iguales, parecidos o diferentes.

El caballo de regalo no se examina en los dientes.

Cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana.

Después de tres días a  los huéspedes se les pone a dar vueltas a la rueda de molino.

Ojos que no se ven se olvidan.

Quien se levanta temprano lejos llega.

Al hombre sabio de bastan dos palabras.

Cuando el gato no está en casa los ratones juegan en la mesa.

La gallina vieja hace el caldo bueno.

El hombre sabio compra en verano trineo y en invierno carro.

No puedes estar con el culo en dos barcas.

Al hombre pobre ni los bueyes le tiran.

No des el gorrión de la mano por el que está en la valla.

Quien se quemó con la sopa sopla hasta en el yogur.


(Ortega Román, Juan José, Paremiología y fraseología comparadas españolas y rumanas: buscando equivalencias, acercando idiomas, en Paremia nº 15, Asociación Cultural Independiente, Madrid, 2006)

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