domingo, 22 de enero de 2012

El diario de Pavese

No es la primera vez, ni será la última, que incorporo a la selecciones de aforismos textos que no han sido pensados para este género. Los diarios son materiales que facilitan la reflexión libre, el apunte rápido y la nota para un futuro. Si buscamos no hay duda que encontraremos textos interesantes, ágiles en su enunciación y de tema eterno, los mismos que aparecen en los clásicos aforistas. En esta ocasión nuestro invitado es Cesare Pavese (1908-1950), quien llevó un diario desde 1935 hasta pocos días antes de su muerte. Su último apunte, poco antes de suicidarse, es tremendo: "Todo esto da asco. No palabras. Un gesto. No escribiré más". Entre sus temas destaca sobre todo sus relaciones con  las mujeres y la función de la literatura. De éstos queda constancia en esta selección que abarca de los años 1935 a 1938.

Las únicas mujeres con las que vale la pena casarse son aquellas con las que no podemos atrevernos a casarnos.
Pero esto es lo más atroz: el arte de la vida consiste en ocultarles a las personas más queridas la alegría de estar con ellas, pues de otra manera se pierden.

Y acordarse sobre todo de que hacer poesías es como hacer el amor: nunca se sabrá si el propio gozo es compartido.

No deberías tomar nunca en serio las cosas que no dependen de ti sólo. Como el amor, la amistad y la gloria.

Problema: ¿la mujer es el premio del fuerte o el arrimo de débil, según ellos lo quieren?
Ironía de la vida: la mujer se da como premio al débil y como arrimo al fuerte. Y ninguno tiene nunca lo suyo.

Las putas trabajan a sueldo. Pero ¿qué mujer se entrega sin haberlo calculado?

Vengarse de una injusticia es privarse del consuelo de clamar contra esa injusticia.

En este oficio de poetizar no es la ardiente inspiración la que crea la idea feliz, sino la idea feliz la que crea el ardor inspirado.

La muerte es el reposo, pero el pensamiento de la muerte es el perturbador de todo reposo.

Cuando nos remordemos por una mala acción, no es el dolor causado a otro lo que nos desagrada, sino el desasosiego causado a nosotros mismos (cfr. Raskolnikoff).

Tan poco se interesa un hombre por otro que hasta el cristianismo recomienda hacer el bien por amor a Dios.

Dale una compañía al solitario y hablará más que nadie.

No es verdad que la muerte nos llegue como una experiencia en la que todos somos inexpertos (Montaigne). Todos, antes de nacer, estábamos muertos.

Todos somos capaces de malos pensamientos, muy raramente de malas acciones. Todos sabemos realizar buenas acciones; pero buenos pensamientos, pocos.


(Cesare Pavese, El oficio de vivir, traducción de Ángel Crespo, Seix Barral, 2003)

No hay comentarios:

Publicar un comentario