Los hombres deberían desilusionarse más a menudo; desilusionarse de todo, para que más tarde y poco a poco, si fuera posible, encontrar las fuerzas y la alegría de vivir.
Cuando alguien a quien apreciamos dice mal de otro a quien también tenemos afecto, sentimos un desconcierto parecido a la traición; pero no sabemos quién nos traiciona, si quien opina o quien dio lugar a la opinión.
¿Qué lugares se esconden en nuestro cuerpo donde sólo habitan el llanto y la pena?
Quisiera ser de profesión antólogo. Dejadme leer y escuchar por vosotros; confiad en mis preferencias; dejarse llevar por mis gustos; permitid que, por vosotros, seleccione. Prometo no defraudaros, porque en cada fragmento, en cada movimiento irá mi pasión por el arte y, sobre todo, mi amor por vosotros.
En este cuaderno personal van a aparecer algunas de mis aficiones más queridas: La literatura aforística, los refranes, recomendaciones de libros y música clásica, imágenes y grabados del mundo del libro, y esas "malas notas" que de tarde en tarde se me presentan como si tuvieran algo que decir. La incorporación de nuevas entradas se hará, aproximadamente, todas las semanas.
miércoles, 28 de agosto de 2013
Tarjeta de presentación
Nuestro terrier no es un sujeta libros metálico o de porcelana, simplemente se apoya en ellos para no perder de vista a una polilla que ha surgido de entre las hojas de uno de los volúmenes. ¿Se estarán comunicando en ese lenguaje animal que desconocemos? ¿Le informará del autor, título y argumento? ¿Podemos suponer que conocen nuestro lenguaje y se entretienen enjuiciando nuestras obras? ¿O sólo le habla del sabor y textura de las hojas? Nada sabemos, como también desconocemos casi todo de la vida de Ellen Beck, ilustradora de ex-libris que nació en 1900. Es probable que el ex-libris que mostramos perteneciera a su biblioteca o sirviera de tarjeta de presentación ante posibles clientes.
Una R con copete
Partiendo de las letras góticas, Charles Snell, inglés del siglo XVII, creó un alfabeto capitular del que forma parte nuestra letra. En trazo grueso destaca la forma original, pero un sinfín de líneas la van acompañando. Unas nacen de las misma letra como formadas por una vibración que perdura como las ondas, otras ocupan los espacios en blanco entrecruzándose y variando el grosor como en una rúbrica imposible. En conjunto, incompletas espirales, forman una imagen hipnótica que nos transporta a un sueño donde adivinamos una R con un absurdo e inapropiado copete.
martes, 27 de agosto de 2013
Música alemana para aficionados
Carl María Von Weber (1786-1826) fue precursor del romanticismo alemán rebelándose contra el predominio de la ópera italiana y dando origen a la ópera alemana de condición nacional. Hijo de músicos ambulantes muy pronto se inició en la música a través del piano. Sus composiciones para piano arrancan del clasicismo adquiriendo, sobre todo en sus movimiento más rápidos, un desarrollo que alumbra las notas de los futuros románticos. Su obra número 10 la forman seis sonatas para violín y piano compuestas y dedicadas a los aficionados, creciendo en progresión su dificultad. La última de ellas está formada por tres movimientos, Allegro con fuoco, Largo y Polonesa. La versión que vamos a escuchar está interpretada por Isabelle Faust al violín y por Alexander Melnikov al piano, fue grabada en 2011 y editada este año, 2013, por Harmonia Mundi.
Más vale ...
En la anterior entrada sobre refranes hablamos del investigador mexicano Herón Pérez Martinez. En aquella ocasión vimos cómo había recopilado los refranes que aparecían en la obra de Agustín Yáñez Las tierras flacas. En 1993 publicó en México su libro Refrán viejo nunca miente donde aparte de una amplia muestra de los refranes mexicanos de siempre nos ofrece un estudio completísimo sobre el tema. En él podemos conocer la antigüedad de los refranes y su relación con la literatura y la tradición, el origen de la palabra y la relación con la familia paremiológica, qué es el refranero mexicano, sus recolectores y la influencia castellana. Además se acerca a cuál es la temática más usual y a las estructuras que han perdurado desde su inicio. A una de éstas vamos a dedicar nuestra selección. Numerosos son los refranes que comienzan con Más vale..., donde se nos recomienda la primera opción de las dos que se nombran. Se juega en muchos casos con la sorpresa, el juego de palabras o lo paradójico. Aunque pueda parecer que se corresponden con aquellos que empiezan por Vale más... no en todos los casos son equivalentes y pueden expresarse indistintamente. Pasemos a mostrar ejemplos del primer tipo.
Más vale muchos pocos que pocos muchos.
Más vale mearse de gusto que de susto.
Más vale burro que arrear que no carga que cargar.
Más vale oler a unto y no a difunto.
Más vale tierra en cuerpo que cuerpo en tierra.
Más vale una colorada que cien descoloridas.
Más vale un carajo a tiempo que cien mentadas después.
Más vale prevenir que lamentar.
Más vale rato de sol que cuarterón de jabón.
Más vale Tianguistengo que tianguistuve.
Más vale tratar con pícaros que con pendejos.
Más vale rodear que rodar.
(Herón Pérez Martinez, Refrán viejo nunca miente, Zamora, Mich., El Colegio de Michoacán, 1997)
Más vale muchos pocos que pocos muchos.
Más vale mearse de gusto que de susto.
Más vale burro que arrear que no carga que cargar.
Más vale oler a unto y no a difunto.
Más vale tierra en cuerpo que cuerpo en tierra.
Más vale una colorada que cien descoloridas.
Más vale un carajo a tiempo que cien mentadas después.
Más vale prevenir que lamentar.
Más vale rato de sol que cuarterón de jabón.
Más vale Tianguistengo que tianguistuve.
Más vale tratar con pícaros que con pendejos.
Más vale rodear que rodar.
(Herón Pérez Martinez, Refrán viejo nunca miente, Zamora, Mich., El Colegio de Michoacán, 1997)
lunes, 26 de agosto de 2013
Las ocurrencias de Juan Rufo
Aprovechemos que en una de las últimas entradas conocimos algunos apotegmas de los filósofos clásicos, recogidas por Erasmo de Rotterdam, para mostrar en esta ocasión algunas de las que debemos al cordobés Juan Rufo (1547-1620). Nuestro paisano, hijo de tintorero y nacido en la calle del Tinte, debió ser un tipo curioso y amante del dinero ajeno. El más sufrido fue su padre que continuamente se hacía cargo de los desfalcos, engaños y sustracciones de nuestro poeta. Ya siendo sólo un niño le robó 500 ducados y los perdió en el juego. Marchó joven a la universidad de Salamanca y a pesar de que parece ser no pisó sus aulas recibía regularmente la asignación paterna. De vuelta en Córdoba y una vez conseguido el puesto de jurado en la ciudad se apropió de 600 fanegas de trigo destinadas a la alimentación de sus conciudadanos. De nuevo su padre tuvo que salir en su defensa haciéndose cargo de la deuda. No nos detengamos más en estas menudencias, sólo apuntar que en cuanto a amores también tuvo el padre que pagar por palabras de matrimonio a doncellas que no llegó a cumplir. Nuestro poeta es conocido por dos obras La Austriada y Las seiscientas apotegmas y otras obras en verso. En la primera cantó a don Juan de Austria en la guerra de Granada y en la batalla de Lepanto. De la segunda es de la que nos ocupamos. Los apotegmas de Juan Rufo comparte la idea de dicho o respuesta breve y sentenciosa ante un dilema o situación. Pero en este caso no busca en los demás estas sentencias sino que el poeta aparece como protagonista de todas ellas, a él debemos las ocurrencias y de su boca saldrán todas las respuestas. Los temas que trata son de lo más variado, desde la moda a la vejez, de la belleza a la cobardía, de la pobreza a la arrogancia, del juego a la amistad. Aunque el título nos habla de seiscientos en realidad los apotegmas que publica son setecientos siete. De ellos aquí dejo algunos.
Preguntole otro de sesenta años si se teñiría las canas, y respondió: "No borréis en una hora lo que Dios ha escrito en sesenta años."
Llamábase Ángela cierta fea, a la cual dijo: "Harto mejor suena vuesa merced que parece."
Decía que la vida larga era prisión luenga, retablo de duelos, soledad de amigos, vergüenza de haber vivido y temor de no vivir.
Preguntó un hombre, que no debía ser muy leído, "si fue Séneca de Córdoba". Respondió: "Pues ¿de dónde había de ser?"
A un caballero altísimo de cuerpo, moreno y desgraciado, que le apodaba, le dijo "que parecía noche de invierno en lo frío, en lo escuro y en lo largo".
Un hombre mentiroso y de grandes defectos era el más feo del mundo; y diciendo muchos mucho mal dél, dijo: "Lo mejor que tiene es la cara."
Llamábase cierta mochacha Esperanza, bonita como un oro; y con ser de once años no más, andaba nuerto por ella un soldado; a quien dijo (preguntándole qué le parecía de su dama), "que era buena para esperanza y mala para posesión".
Ahogose cierto hombre borracho nadando en Guadalquivir, y dijo: "Al fin murió aquel hombre a manos del mayor enemigo que tenía."
Cierto poeta y músico componía ruines letras y dábales buenos tonos, por lo cual dijo "que eran sus coplas delitos bien pregonados."
En cierta conversación dijo un fraile: "¿Cuál es el fraile que no tiene devota?" Respondió:"El que es devoto."
Díjose que una mujer adúltera escapó de su marido por no tener con qué matalla. Respondió: "¿Teniendo cuernos le faltó con qué?"
Preguntado qué cosa era más pesada que el oro, respondió: "No tenello."
(Juan Rufo, Las seiscientas apotegmas y otras obras en verso, Madrid, Espasa-Calpe, 1972; hay nueva edición en Fundación José Manuel Lara.)
Preguntole otro de sesenta años si se teñiría las canas, y respondió: "No borréis en una hora lo que Dios ha escrito en sesenta años."
Llamábase Ángela cierta fea, a la cual dijo: "Harto mejor suena vuesa merced que parece."
Decía que la vida larga era prisión luenga, retablo de duelos, soledad de amigos, vergüenza de haber vivido y temor de no vivir.
Preguntó un hombre, que no debía ser muy leído, "si fue Séneca de Córdoba". Respondió: "Pues ¿de dónde había de ser?"
A un caballero altísimo de cuerpo, moreno y desgraciado, que le apodaba, le dijo "que parecía noche de invierno en lo frío, en lo escuro y en lo largo".
Un hombre mentiroso y de grandes defectos era el más feo del mundo; y diciendo muchos mucho mal dél, dijo: "Lo mejor que tiene es la cara."
Llamábase cierta mochacha Esperanza, bonita como un oro; y con ser de once años no más, andaba nuerto por ella un soldado; a quien dijo (preguntándole qué le parecía de su dama), "que era buena para esperanza y mala para posesión".
Ahogose cierto hombre borracho nadando en Guadalquivir, y dijo: "Al fin murió aquel hombre a manos del mayor enemigo que tenía."
Cierto poeta y músico componía ruines letras y dábales buenos tonos, por lo cual dijo "que eran sus coplas delitos bien pregonados."
En cierta conversación dijo un fraile: "¿Cuál es el fraile que no tiene devota?" Respondió:"El que es devoto."
Díjose que una mujer adúltera escapó de su marido por no tener con qué matalla. Respondió: "¿Teniendo cuernos le faltó con qué?"
Preguntado qué cosa era más pesada que el oro, respondió: "No tenello."
(Juan Rufo, Las seiscientas apotegmas y otras obras en verso, Madrid, Espasa-Calpe, 1972; hay nueva edición en Fundación José Manuel Lara.)
domingo, 25 de agosto de 2013
Rafael Chirbes no lleva a la orilla
Cuando en 2007 Rafael Chirbes con su libro Crematorio consiguió el Premio Nacional de la Crítica no puso punto y final a una muy buena producción literaria sino que se postuló como uno de los mejores escritores en castellano del siglo pasado y de éste. Cuando ahora nos ofrece su nueva novela, En la orilla, vuelve a demostrar que su literatura está hecha de poder y maestría. Esteban es un carpintero propietario de una carpintería que ve como la crisis le obliga a cerrar y dejar sin trabajo a todos sus empleados. Su padre invalido en la vejez y con un carácter difícil es uno de los múltiples perdedores de la guerra civil, pérdida que no sólo supuso la destrucción de sus ideales sino también el nacimiento de un rencor que le impide ser feliz. La mayor parte del libro, salvo la pequeña introducción y el epílogo, transcurre el 14 de diciembre de 2010. Durante ese día Esteban pasea, se acerca al pantano, cuida a su padre, toma unas copas en el bar, juega a las cartas con sus amigos y sobre todo piensa, piensa en el porqué de su ruina, pero no la económica sino la personal. Vamos conociendo su vida, su familia, el malogrado negocio y el amor perdido. También a las personas que le rodean: su tío Ramón, ya fallecido, que le inició en todas (y pocas) sus felicidades; Francisco, su amigo de la infancia, adolescencia y madurez, rico y exquisito que se casó con el amor de Esteban; Leonor, ese amor de apenas días; Liliana, colombiana que durante algún tiempo cuidó a su padre antes de la ruina. También toman la palabra los empleados despedidos, privados cada uno de ellos de los sueños que ilusamente se formaron. A pesar de la dureza conque Esteban manifiesta su desilusión, como valora negativamente todo y a todos los que le rodean no podemos dejar de compartir su visión y por lo mismo sentirnos a la vez descorazonados. Es un libro duro, muy duro, que no puede acabar sino de la peor de las maneras. Ya lo dice él "... este desamor tan grande que lo ocupa todo..." En la orilla es un libro imprescindible, no leerlo nos hace más imperfectos mientras que su lectura nos hace saber más del mundo y de nosotros.
(Rafael Chirbes, En la orilla, Barcelona, Anagrama, 2013)
(Rafael Chirbes, En la orilla, Barcelona, Anagrama, 2013)
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